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Mi vida cambió el día en que salí de mi casa con toda mi ropa. Viví casi un mes en la casa de Xochimilco de Arturo y un fin de semana en el hotel Imperial de República de Cuba en el centro histórico. Trabajé en un despacho de diseño horrible y soporté a un jefe alcohólico pero buena onda, a su amante que era mi compañera de trabajo y al serigrafista que era homofóbico.


Hice 3 fabulosos programas de radio con Cuitláhuac y por ello conocí a Arlo. Regresé a casa de mis papás y entré a la universidad… de nuevo.


No me puedo quejar, tengo lo justo y no puedo pedir más porque no estoy trabajando en ello. Estoy haciendo lo correcto, pero no lo estoy haciendo bien.


Por eso prefiero comenzar de nuevo, escribir todo en una nueva hoja, en una hoja blanca y es que NI TODA LA ROPA DEL MUNDO puede esconder nuestros errores ni defectos, sólo la firme decisión de cambiarlos.

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