Mr.









En casa de Susana hay una perra y se llama Tessa. Dice Susana que la salvaron de un terrible destino que le deparaba sufrir y sufrir. Ella es pequeñita, no sé que raza sea, pero es gris y muy inquieta. Cada vez que toco el timbre de casa de Susana, la perra ladra sin control pero nunca me ha mordido ni nada.

Si Susana lee esto seguramente se va a enojar, pero a Tessa nadie la quiere y todos le gritamos porque se sale, porque entra, porque ladra, porque se mete, porque está, porque se embarazó, porque nadie la encuentra y tantas cosas que la pobrecita debe estar toda triste.

Es muy encimosa y como casi no la bañan, a veces huele feo y con un cariñito que le hagas ya se queda contigo por siempre, no se va. El otro día mientras Susana y Diana preparaban café, Tessa se juntó a mi pantorrilla como si fuera esta una máquina que irradiaba amor canino y no una peluda e incolora parte de mi cuerpo.

La cargué y la miré a los ojos. Al principió lo creí estúpido, pero mientras más miraba a la mascota de mi mejor amiga, encontraba en sus ojos algo sumamente idiota y cursilón que me espantó. Yo era Tessa.

Dice mi bio en twitter “sólo dame amor y galletas” y a veces nadie me da galletas, pero si me das aunque sea un poco de amor, una mirada, un hola, una casualidad, ahí me tienes, pegado a tu peluda/depilada pantorrilla.

Y es incomprensible que a un ser increíblemente simpático que no sabe aprovechar el recurso de la ironía y el chiste fácil a manera de texto como yo, nadie le haga caso, que mendigue las migajas de amor de otros.

Ya sé, qué güeva leer sobre el amor y la baja autoestima de un tipo que apenas y conozco, cuando tengo toda la discografía de Sin Bandera y Camila con su respectivo DVD con 3 horas de extras y karaoke, ¡váyanse! son libres de leer tv notas a escondidas en la caja del wal mart mientras pagan su shampoo sedal rizos perfectos, con confianza.

Sigo. Yo soy Tessa… bla bla blá… y entonces me doy cuenta de que efectivamente, ante cualquier inminente amenaza de enamoramiento creo en la magia del amor, en que casualmente “ese” ser mágico y lleno de virtudes, llegará a mí en cualquier esquina de la colonia Alfonso Trece o si bien me va en la estación del metro auditorio, que más da, es MAGIA, ¡LA MAGIA DEL AMOR!

Y ahí está Tessa a la expectativa de cualquier muestra de cariño, esperando ser abrazada o acariciada por horas y horas y horas y horas y horas y horas, hasta que se encarne en tu piel y seas uno mismo con ella. Pero no, Tessa está paradita, nerviosita pensando ¿me acariciará? Está tan desesperada de amor que ya no le importa nada y apenas entras a casa de Susana, ya está encima de ti ¡una cínica total!

¿Así me veo yo? ¡Por supuesto! Sino no estuviera escribiendo esto. Necesito amar y que me amen de manera loca y desenfrenada, necesito un Nerón, un Marcell, un Diego Verdaguer, un Mr. Big, un hombre lobo twilight, un Pip… ¡lo necesito aquí y ahora!... ¿para qué? No sé, ¡sólo lo quiero! NECESITO tener a quien dedicarle canciones y gastar mi dinero en SMS, a quien dedicarle subnicks del messenger, con quién salir al cine, con quien idealizar mientras voy en el metro. ¡Me urge tener a quien romperle el corazón y que me hable a las 3 de la mañana pidiendo disculpas! ¡DENME AMORRRR!

¿Ven? Soy Tessa.

Tengo tres: Constanza, Andrei y Natalia. Los primeros son papás de mi mamá y la última es mamá de mi bien amado papá. La que mejor me cae es mi abuela Natalia, la amo porque se le va la onda y en sus alucines Pedro Infante es mi abuelo y la telenovela de las 9 es la vida de una de sus hijas, eso sí, siempre lo cuenta todo a manera de que si alguien no la conociera pensaría que es real, ¡la amo por mentirosa y alucinada!

Mis abuelos, Constanza y Andrei son rarísimos, casi no los veo y hablar con ellos es toda una odisea lingüística que se pensaría hablan algún dialecto chino. Ellos están súper lúcidos y tienen la imagen de los abuelitos de rancho bonito. Los dos todos bonachones y con su cabello blanco como su piel, hablan de los chismes del pueblo y son súper ácidos en sus comentarios, más mi abuela Constanza.

Ella es la que más me intriga, no sé de que hablar con ella. Con mi abuela Natalia hablo de la novela porque también la veo y yo corroboro las aventuras de su hija la que se casó con un millonario, con mi abuelo pues sólo le sigo la corriente en lo poco que le entiendo y me río con él de vez en vez. Pero con mi abuela Constanza no, como que se me borra lq vida y no le puedo contar nada.

Siempre caigo en el típico ¡Ay qué calor hace abuela! O ¿quieres que te prenda la tele? ¡No puedo! Es súper bonita ella, como una muñequita de abuelita, pero no sé de qué hablar, ni ella dice nada ni yo digo nada. Ya intenté un día sentarme con ella y hablarle de mi vida pero se quedó dormida y la entiendo… nada por lo que alguien se le quite el sueño de una tarde muerma.

Dice mi mamá que últimamente su respuesta genérica es “Para qué si ya me voy a morir” y sí, no la puedo contradecir, es un hecho, pero ni modo que le eche un discurso de programa matutino en el cual repita como mantra “Vida sólo una, vida sólo una”, pues no.

A mí me agobia tanto no poder hablar con ella y que no salga de su casa, que por más grande y bonita, no deja de estar encerrada. Ni siquiera puedo ser tan meloso como soy con mi abuela Natalia que nada más andamos platica y platica de sus alucines y me agarra de la mano mientras me da besos en los cachetes y me confunde con mi hermano.

Es tan raro que a la persona que le debes estar vivo no puedas hablar ni de lo más sencillo porque no encuentras por donde, es agobiante ¿no?



Hola cariño:

Estoy en vísperas de hacer un viaje, uno muy feo al que no quiero ir, pero supongo que me vendrá muy bien cambiar de aires ¿no crees?. Disculpa que te hable de mí otra vez, pero es que como ya no hemos hablado mucho y me cortas en el teléfono, creo conveniente contarte lo mío para que te sientas con la obligación de responder.

Te decía, me voy de viaje. Sé que suena tonto pero no sé si llevar ropa de invierno o de verano, voy a Veracruz. Odio viajar, nada me cabe en las maletas y me da nervios no tener toda mi ropa aunque no me la ponga y use los mismos jeans toda la semana. Verla ahí colgada en el closet esperándome me tranquiliza tanto, es un como un fetiche muy grande.

¿Te acuerdas de Lola? Ayer la vi, por supuesto que no la saludé. Iba caminando en unos tacones dorados, con una blusa dorada, una falda negra y enormes aretes dorados ¿se sentirá gitana? Ella me vio, pero se hizo la que no, no me importa, sólo te comento para que sepas que sigue viva y con el mismo mal gusto de siempre.

A tu pregunta de la ultima carta que me mandaste, pues no, ya no salgo con nadie. Mira que no decirme su nombre real, se lo perdono a una draga, pero a una persona "normal" no se lo perdono, no se lo perdono.

Estoy releyendo Great Expectations de Charles Dickens cuando voy en el camión y antes de dormir leo a Banana Yoshimoto, me cansa animicamente leer pura tragedia, pero a veces leo la vogue de noviembre y me agobia más saber de toda esa ropa y cosas chulas. No entiendo nada de lo que dicen los diseñadores, ya no puedo distinguir la ropa de nadie y ya no sé que es vintage o que es recién hecho.

Ya sé bajar películas, me tardé ¿no? Estoy bajando todas las de Almodóvar, no sabes cuanto me he reído con Mujeres al borde de un ataque de nervios y el "No aprende, ella no aprende. Ella no, ella no es profesora como otras" hasta escupí el café que me estaba tomando de la risa, ¡ah! y también con lo de "Es horrendo, horrendo, horrendo", ¿ya la viste? cuando vengas te las paso en USB porque no tengo quemador de DVD.

La ultima semana me comenzó a doler la garganta y no me quiero enfermar, ¿sabías que todavía no comienza el invierno? viví engañado. Lo que odio de las enfermedades es que te dé fiebre, no tiene sentido, suficiente tienes con el dolor y las pocas ganas de vivir como para lidiar todavía con temblorinas y escalofríos.

Gracias por mandarme las galletas de chocolate, me gustaron mucho. Sólo he comido una y las demás están escondidas. Ya sé que me las mandaste para que comiera algo, al menos lo que me gusta, pero he tenido unos días tan raros que no me apetece nada y me da mucho frío y me quedó en la cama escuchando música y se me olvida comer. Ya comeré bien, lo prometo.

Bueno, creo que es momento de despedirme porque tengo cosas que hacer y supongo tú también. Te escribiré desde Veracruz para contarte como me va por allá con todo el lío que hay en casa de mis abuelos.

Un beso.



Diana me llamó hoy. Hace mucho que no la veo ni platico con ella, sin embargo siempre aprendo algo nuevo cada vez hablamos. Ella es muy guapa y tiene la personalidad de una garabato o de una habitación desordenada. Amamos la ropa y la música, soñamos con tener una casa bonita llena de muchas cosas y lo más importante, soñamos con encontrar el amor o mejor dicho enamorarnos de alguien que se enamore de nosotros.

No conozco mucho del tema, puesto que TODAS mis experiencias sentimentales con las personas han sido desastrosas e incomprensibles, pero una cosa me quedó clara de toda la conversación "Hay personas que nacen lacios o chinos, es algo que no se elige, algunos nacemos sin amor y otros nacen con amor", después de esta frase me quedé con la mente en blanco y luego vino a mi mente un parrafo de Great Expectations donde Pip describe con lastima a Ms. Havisham.

Avispé la escena en la que Ms. Havisham está sentada con su vestido blanco de boda, carcomido por el tiempo, con las medias desgarradas y un zapato puesto. Así me siento. Y es un poco triste que tenga estas visiones de mí a esta edad en donde se supone que debería estar hasta el coño de borracho los fines de semana y rodeado de amantes, drogas de diseño e infidelidades. Soy muy joven para pensar en el amor de la manera en la que lo hago.

Es como la señora que está cerca de mi casa en las vías del tren. Yo no la había notado, pero un día Susana me comentó que donde da vuelta el camión que nos lleva a la estación del tren suburbano, hay una señora parada en medio de las vías. Me dijo que siempre iba a arreglada y que no parecía indigente, que estaba horas ahí parada esperando algo, pero nunca pasaba nadie por ella.

Siento empatia con esa señora, la primera vez que la vi así fue, tal como la describió Susana. Estaba parada en medio de las vías, con un abrigo morado, falda negra a la cintura, blusa blanca de vestir, zapatos de tacón bajo, cabello negro corto y rizado y una pequeña bolsa colgaba de su hombro. Inmóvil y con la vista perdida recibía todo el calor de las 2 de la tarde. ¿Qué espera? ¿por qué permanece inmóvil siempre y a nadie le habla?

¿A qué espero yo? Si ya comprobé infinidad de veces que estoy negado para eso... y para dar marometas.

*Update

A esto me refiero:











Aprendí a hacer light grafitti, obviamente apenas le sé, nada más que me compré más lucesitas haré cosas más padres.

























Me gusta ver esas cosas que nadie ve.
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