Mi abuela murió hace un mes, por lo que tuve que viajar a Veracruz intempestivamente con una maletita pequeñita y muchos sentimientos revueltos. La semana anterior a la muerte de mi abuela, tuve una revelación muy importante en mi vida y consistía en hacer lo que pensaba. Sí, siempre quiero hacer cosas y sólo las sueño, por ejemplo: quiero hacer ropa y en seguida viene a mi mente una voz que dice “¿ropa? ¿en serio? qué sigue ¿querer ser mujer y volar mostrando tus nuevas tetas?” .

Siempre me pasa lo mismo, cuando tenía muy metida la idea de hacer un blog con mis amigos donde escribiéramos de música, moda, arte, cultura y novedades (irónico porque esa idea no es nada nueva en ningún lugar) me eché para atrás porque me dio miedo que nadie nos leyera y me adelanté a tantas malas ideas que al final omití toda la idea y ahí quedó todo.

Esa semana anterior a, me puse a sacar la atrasadísima colección pequeñita de playeras que el queridísimo Velvet de cierto pelo me invitó a hacer para su tienda y dibujé tanto que ni siquiera creí mi nivel de productividad y entusiasmo. También trabajé en lo de la marca de joyería de Susana y en la compilación de cuentos del blog de Viri, que quiero dárselo como regalo y que los mueva, porque esos cuentos no deben ser ignorados por NADIE.

Con las prisas de la mala noticia y mi maletita pequeñita corrí a las 11 de la noche a la TAPO a tomar el primer bus que saliera a Xalapa, para después abordar el que sale a las 6 de la mañana hacia Paso de Ovejas, pueblo de donde es toda mi familia materna… y obviamente olvidé mi computadora y todos mis fantásticos planes y trabajos.

Durante la semana posterior a la muerte de mi abuela, un montón de cosas me pasaron en la cabeza, como una revolución ya que en mis 23 años de vida, no había experimentado una muerte de alguien cercano.

Al regresar de nuevo a mi casa y encontrarme con la cotidianidad del desempleo y la mala racha, me dio por dormir mucho y me quedé sin ganas de salir con nadie. Ya le había comentado a Diana que todos me aburrían, que siempre era lo mismo en todas las salidas y las mismas pláticas y todo era igual, no cambiaba.

En esos días salí con Viri al cine, me quedé en la nueva casa-castillo de Artu y me hice cargo de todos los pendientes de la casa. Estuve exactamente 2 semanas en DF y hace una que estoy en Veracruz.

¡Ah! Pero con todo este dramón aburridísimo que escribo, olvidé mencionar que mi computadora murió, razón por la que todos mis planes, de quedarse en stand by se fueron a la fregada. El diagnóstico que me dio Carlos, el chico del cibercafé fue que la mother board ya había dado de si y que me salía mejor comprar una nueva compu que meterle mano a mi Toshiba Satellite versión 1.0.

Toda esta semana hizo mucho calor en Veracruz, así que mis primos y yo moríamos por ir a nadar a la alberca de un hotel que está aquí en el pueblo. Quedamos en ir el domingo a las 11 de la mañana. Mi mamá nos hizo lunch de volovanes y mi prima Lilia llevó naranjas. Yo no quería comer volovanes porque el sábado me comí la mitad de uno y al sacarle la rajita de chile, tenía un montón de gusanos, me dio tanto asco que casi vomito.

Al llegar a la alberca, nos embarramos de bloqueador solar y organizamos juegos. A mí se me ocurrió la idea de hacer un rally de relevos que consistía básicamente en: clavado, resbaladilla, clavado, correr, clavado y el que llegara primero, ganaba. En la segunda ronda del rally competí contra mi primo Toño y al salir de la alberca para subirnos a la resbaladilla, lo empujé para poder ganar ventaja y se cayó de barriga en el filo de la alberca. Yo seguí corriendo, pero con una bardita que no vi, choqué y me pegué en la frente.

Dice mi hermano que me caí de nalgas, pero yo no lo recuerdo, sólo recuerdo haberme agarrado la frente, sentir un gran dolor y ver mi mano llena de sangre, luego mi playera y luego a mi hermano corriendo hacia mí. Me abrí la frente y traté de tomarlo de la mejor manera posible para no asustar a mis primos que no pasan de los 15 años.

Con la playera de mi hermano sobre la herida y bajo el sol de las 2 de la tarde, caminamos para encontrar un doctor que me suturara ya que no dejaba de sangrar y me provocaba un ENOOORME dolor de cabeza. Llegamos y no estaba, así que mi hermano corrió a buscar a otro mientras mi mamá hacía presión con un trapo desinfectada para detener tanta sangre.

Me llevaron con otro médico y él insistía en no coser la herida, pero ante la cara de horror de mi mamá y mi hermano, me desinfectó y me dio dos puntadas. Ahora, estaré una semana extra en Veracruz porque me prohibieron hacer esfuerzos y exponerme a lugares cerrados.

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