La primera vez que abrí una revista Vogue ni fue a los 9 años ni me impresionó como muchos podrían pensar. No entendía esos looks, a mí me encantaban los jeans, las playeras y los tenis Adidas (me siguen encantando, por cierto). Sin embargo, algo me hacía hojearla cada vez que iba a un Sanborns, por supuesto que no la compraba, en ese tiempo Rolling Stone, Rock Deluxe o La Mosca eran mis biblias.

El día que compré una Vogue, la escondí entre mis libros de la Universidad ¡Qué pena que alguien me viera con una revista así! La leí camino a casa durante una semana, cada texto me dejaba con ganas de más y las fotos se tatuaron a mis retinas. Lo sorprendente de mi convicción por “entrar” como fuera al mundo de la moda (al mundo editorial de la moda) no fue una colección de Chanel, ni siquiera un precioso par de zapatos Comme des Garçons, fue el sentimiento al terminar de leer una entrevista a Carolina Herrera en Vogue.

Desafortunadamente no recuerdo el nombre del autor, pero al concluir de leer ese texto, mi mente hizo conexiones increíblemente rápidas y todas las experiencias de: tocar textiles, ver a mis abuelas bordar, recordar el olor a las chamarras de piel de mi papá, mi primer par de tenis favoritos, el suéter negro de una de mis tías, el perfume Chanel no. 5 que se impregnaba en casa cuando mamá tenían un evento importante, pasaron por mi mente tan rápido y tan por primer vez que tuve la misma sensación que tuvo Amelie antes de ayudar al hombre ciego.

Nació en mí (aviso: lo que leerán a continuación es sumamente ridículo pero así fue) una pasión por conocer qué hay detrás de cada prenda y quienes son esas personas que están creando/decidiendo uno de los legados culturales que dan referencia de lo que somos como personas (fin de la cursilería) y todo eso lo exprimía mensualmente de Vogue.

De ahí, todo intento por estar de cerca de la ropa y sus creadores lo he conseguido a base de mucho esfuerzo, kilos de revistas y amigos como Chad Santos, quien me invitó al primer Fashion Week que he pisado en la vida (cuando lo hacían en el Hotel Camino Real de Polanco, creo) O Viri, quien me apoyó para el proyecto de revista que hicimos en la Universidad, O Diana y Susana con los shootings que hacíamos caseramente, hasta Belén Limón quien poco a poco entendió mi visión de la moda y es pieza clave de que esté publicando este post ahora mismo.

Regresando al tema Vogue, muchos de ustedes saben que mi primer blog, ahora muerto, era muy muy personal. Después tuve un acercamiento a un fashion blog con este mi segundo blog, sigue activo y continúa siendo muy personal pero ya no tanto, y ahora decidí por fin entrarle con todo a un fashion blog: Zapatotenis.

Gracias a esta actividad y a la mayoría de mis trabajos (pagados y no) Belén Limón me invitó a varios eventos de fashion bloggers y créanme, es de las cosas más padres que me han pasado en la vida. Uno de ellos fue un brunch que organizó Privalia México en el que Vogue ¡VOGUE! La revista que se convirtió en mi referente literario, artístico y vanidoso por muchos años, iba a hablarnos sobre el Social Media de Vogue ¡VOGUE!


Seré honesto, no fue lo que esperaba y las respuestas dejaron mucho que desear, pero al final todo estuvo increíble. Mi primer contacto directo con Vogue no fue lo que tenía en mente, pero el destino ¡Ah, el destino! Tenía preparada una gran sorpresa para mí.

Por primer vez, no me costó trabajo elegir la ropa que me puse para asistir a un gran evento. Fui a trabajar y después llegué con Belén al hotel Brick en la col. Roma para atender la invitación que nos había mandado Eva Hughes, editora de Vogue México, a todos los fashion bloggers del D.F. vía mail (ajá, cuando llegó el mail me puse así)

No estaba nervioso, pero sí muy contento. De las primeras personas que vimos fue a Ariana, la editora de Vogue.mx y ella nos llevó al salón en donde conviví y conocí a todo el equipo que hace Vogue ¡VOGUE! Platiqué con José Forteza y Kelly Talamas antes de que nos presentaran el proyecto de Vogue Fashion Night Out México (pronto un post al respecto).

Fue una noche increíble que no puedo describir, era como “Woow, qué padre ¿Esto es real? Woow ¿Neta? Woow… pe-pe-pero Wooow”.

Al siguiente día, sonó el despertador y mi primer pensamiento fue “Si la ropa es lo que te gusta y has logrado cosas como las de anoche, vas por el camino correcto”. Me levanté de la cama, elegí mi ropa y no dejé de sonreír por muchos días.


















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