Bailar en la recámara una de mis canciones favoritas.















-Uno-

La verdad es que no veo bien. En un ojo tengo astigmatismo y en otro tengo miopía, por lo que debo usar lentes todo el tiempo. Tuve mi primer par en la secundaria. No los necesitaba, de hecho no tenían graduación alguna. Era joven, tonto y bulleado por unos idiotas que seguramente no se meterían más con alguien que llevara anteojos. Funcionó.



-Dos-


En la preparatoria utilicé unos de verdad. Era muy frágiles, como mi autoestima en esos momentos. Su uso se limitaba estrictamente a: clases, ver tele y estar en la computadora. Los odiaba en serio porque el armazón era color café y ese color nunca me ha gustado mucho en la ropa o los accesorios.




    -Tres-

Me negaba rotundamente a poner cosas en mis ojos. Pero era usar unos lentes con gruesa armazón de pasta o descifrar los pizarrones. La Universidad y el nulo interés por vestirse bien, hicieron a mis ojos muy felices aunque tuvieran un marco espantoso.




-Cuatro-

Cinco pares desde ese entonces para acá. Con cada uno he visto cosas muy bonitas y hasta siento que me dan personalidad, además del factor sorpresa que otorgan. Se siente bonito cuando estás frente a alguien, te los quitas para tallarte los ojos y exclaman, -te ves muy guapo sin lentes- o -qué bonitos ojos tienes. Rasagaditos como de gatito.-

No se puede comparar a una persona que ve bien a una con la mirada perdida, tipo perro con rabia. Así que bueno, hasta la persona más banal, con lentes parece inteligente, parece lúcido. Son muy buenos los lentes, yo estoy a favor, ¡vivan los lentes!














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