Cuando eres gay se supone que la vida te da bendiciones como: abdomen y brazos esculpidos y de acero, éxito laboral, viajes de lujo, ropa exclusiva, departamentos en zonas residenciales, exóticos amantes, carros de última generación y fama.

Yo no tengo nada de eso. Pero sí tengo muchos sentimientos, lo cual me perjudica porque es una moneda inválida en el mercado de la homosexualidad actual. Lo feo es que los que manejamos ese tipo de moneda no hacemos negocio entre nosotros porque nos gusta invertir en riesgos.

Ay, qué tonta analogía acabo de hacer, pero bueno lo tenía que decir de alguna manera.





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